Otros diez libros imprescindibles (III)

Tras las entradas de “Diez libros imprescindibles (I)” y “Otros diez libros imprescindibles (II)“, aprovechando el cambio de mes, transcribo una relación de obras que considero de lectura obligatoria. Con el confinamiento a la vuelta de la esquina y el horizonte de unos meses sin demasiada socialización , os dejo una lista de novelas otoñales que espero sea de vuestro agrado.

1. Las uvas de la ira, John Steinbeck. Novela ambientada en los EE.UU. post Crash del ´29, Steinbeck narra de una forma magistral la expropiación a la que se vieron sometidos los pequeños agricultores por las grandes empresas y la miseria que les implicó la transformación económica. En su época fue tachada de comunista, aunque en realidad es implemente un relato descriptivo sobre la sordidez de la avaricia humana.

2. El mundo es ancho y ajeno, Ciro Alegría. Podría decirse que esta obra camina de la mano de Las uvas de la ira, ya que ambas novelas están ambientadas en la misma época y versan sobre una temática muy parecida. Ésta, sin embargo, acontece en una pequeña comunidad de los Andes, por lo que más que comunista fue calificada de indigenista.

3. Cien años de soledad, Gabriel García Márquez. Después de leer este libro, cualquier persona podría estar más que de acuerdo en la concesión del Nobel de Literatura con que se galardonó a su autor. Máximo exponente del realismo mágico latinoamericano de mediados del siglo XX, los acontecimientos de la familia Buendía en Macondo enganchan de la primera página a la última.

4. El señor de las moscas, William Golding. ¿Cuáles son los límites de la condición humana? Una pregunta infinitamente formulada que toma forma en este pequeño tomo de una forma tan magistral y certera, que desde poco tiempo después de su publicación pasó a considerarse un clásico de la literatura inglesa.

5. Ana Karenina, León Tolstoi. Uno de los más clarividentes ejemplos del realismo de finales del siglo XIX y obra pionera por tener como tema central la delicada situación de la mujer en la -alta- sociedad. A pesar de ser un volumen que dependiendo de la edición puede constar de casi mil páginas, es de muy fácil lectura y con una trama rápida y seductora.

6. La conjura de los necios, John Kennedy Toole. La historia de su autor es extraordinaria ya que, considerando haber escrito una obra maestra pero no logrando encontrar un editor que se la publicase, Kennedy Toole acabó suicidándose. Su madre, haciendo honor al instinto de su vástago, no cejó en su empeño hasta lograr ver la novela publicada en 1980 para, curiosamente, ser galardonada póstumamente con el premio Pulitzer en 1981.

7. El corazón helado, Almudena Grandes. Podría decirse que esta novela es una fiel representación del Madrid del siglo XX, ya que a lo largo de sus páginas, con la característica combinación que Grandes realiza de Historia y ficción, se recorren las crónicas que definen los dos últimos tercios de la pasada centuria. Trepidante, convulsa y emotiva, El corazón helado supone una conmovedora dicotomía imposible de dejar indiferente a nadie.

8. Los pazos de Ulloa, Emilia Pardo Bazán. Máximo exponente de la corriente naturalista del realismo español de finales del siglo XIX, vanguardia iniciada por la propia Pardo Bazán. Lo más reseñable de la novela es, quizá, su prosa inmaculada y su delicada retórica, lo cual contrasta -y, todo sea dicho, desconcierta- con las tres negativas que cosechó la autora al intentar ingresar en la Real Academia Española de la Lengua.

9. El tulipán negro, Alejandro Dumas. Además de ser una trepidante novela de aventuras, con un desarrollo perfectamente hilado, cabe destacar el magnífico estilo del que Dumas hace gala. Sin lugar a dudas, supone una joya para cualquier amante de la literatura clásica.

10. Un mundo feliz, Aldous Huxley. Esta obra distópica suele asociarse a 1984, aunque lo cierto es que Un mundo feliz trata de un tipo de tiranía más velada que la orwelliana, ya que la “libre aceptación” como miembros del sistema productivo y la evasión de la realidad a través de las drogas son el hilo conductor de una sociedad que, si no totalitaria, es cuanto menos abusiva.

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