Mucho más que ayusadas

Una de las cosas que más está dando que hablar esta pandemia es la gestión de Isabel Díaz Ayuso al frente de la Comunidad de Madrid. Y no es para menos. Famosa por sus impetuosos exabruptos, resoluciones díscolas y temeraria determinación, la presidenta no ceja en su empeño de seguir cosechando titulares.

Los hay que, empleando el acrónimo de sus siglas y haciendo referencia a una aparente psicopatía, la definen como IDA. Otros la utilizan como diana de sátiras y socarronería en múltiples publicaciones y viñetas. Incluso hay quien ha bautizado su característico modus operandi definiendo sus acometidas como “ayusadas”. Esa definición, sin embargo, no carece de cierto sentido del humor y chanza, pero las ayusadas son cada vez menos jocosas y más un grosero escarnio hacia los madrileños.

Una ayusada es decir que la “d” de covid viene de diciembre, alardear de que te gustan los atascos de Madrid ya que son una de sus señas de identidad, identificar Netflix o HBO como medios de comunicación o sugerir que si te vas de vacaciones los de Podemos le darán tu casa a los okupas. Pero cuando la salud pública y, por ende, las vidas de toda una región están en tus manos, hay determinados atrevimientos que no pueden tomarse a guasa, que dejan de ser ayusadas para convertirse en afrentas obscenas hacia la ciudadanía.

Que Isabel Díaz Ayuso se empeñase en que Madrid pasase a la Fase 1 de la Desescalada aun sin cumplir los criterios objetivos fijados por el Ministerio de Sanidad… No fue una ayusada, fue una temeridad.

Que Isabel Díaz Ayuso reprochase a Pablo Iglesias su gestión de las residencias de mayores para, tiempo después, admitir en un desliz durante una entrevista que esa competencia era de ella… No fue una ayusada, fue un insulto y una falta de respeto hacia los propios ancianos.

Que Isabel Díaz Ayuso expusiese la idea de una “cartilla covid” para diferenciar a quienes ya hubieran pasado la enfermedad… No fue una ayusada, fue una proposición discriminatoria que establecía ciudadanos de primera y de segunda categoría, cristalino alarde de la concepción clasista de la que hace gala.

Que Isabel Díaz Ayuso no supiese explicar de dónde iba a salir el personal para el Hospital Enfermera Isabel Zendal y arguyese que son tecnicismos menores como para preguntar a una presidenta… No es una ayusada, es la representación fehaciente de quien no tiene consideración hacia lo público y además se jacta de su prepotencia.

Que Isabel Díaz Ayuso se reúna con los presidentes de Castilla-La Mancha y Castilla y León y estos últimos decidan confinarse hasta el 9 de noviembre pero ella sólo pida limitar Madrid al puente de Todos los Santos, más que una ayusada es una infamia hacia la ciudadanía. Además de una absurdez como la copa de un pino: si las Castillas están cerradas, sólo Ayuso sabe cómo se podrá salir de Madrid (evidentemente usar Barajas sería una temeridad, pues bien sabe ella que es el único coladero de covid de la Comunidad).

Y la lista podría ser eterna, pasando por diversos temas como los menús infantiles del Telepizza para niños vulnerables, el abandono de una reunión de presidentes autonómicos para irse a misa, presidir el abarrotado acto de cierre del hospital de campaña montado en IFEMA en pleno pico de la pandemia, su singular estancia en el hotel de Kike Sarasola, el millón de test que prometió que acabó siendo la irrisoria cifra de 6.000 (¡un 0,6% de lo anunciado!), la cascada de dimisiones en la Consejería de Sanidad de Madrid…

Algo hay que no funciona en la Comunidad de Madrid y a todas luces tiene que ver con la presidenta. Lo que realmente debería inquietarnos es qué -o quién- hay detrás de Isabel Díaz Ayuso para que a pesar de la inconsistencia de su Gobierno siga manteniéndose inquebrantable. ¿Dónde está la oposición? ¿Cómo es posible no ya presentar una moción de censura, sino por lo menos plantearla? ¿No ven incluso sus socios de Gobierno la incapacidad que rige la Comunidad? Las salidas de tono y las alternativas cerriles han dejado de ser ayusadas para convertirse en decisiones abyectas. Es hora de decir basta a la incapacidad manifiesta.

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