Progresismo descafeinado en el Gobierno de PSOE+Unidas Podemos

Decía Abraham Lincoln que “se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”. Discrepo hasta cierto punto porque creo que sí hay gente que vive embaucada desde que nace hasta que muere, pero esta frase me parece un acierto respecto de alguna coyuntura concreta que se asienta a mayor escala, como por ejemplo los tópicos que pretenden definir al actual Gobierno de España.

De los mencionados tópicos, el que más me estomaga es el de “el Gobierno más progresista de la Historia“. Perdonen, pero no. El Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no es más que un espejismo de lo que dice ser para seguir obteniendo el beneplácito de sus votantes, pero en lo que a hechos se refiere, se acerca más a la caridad de la que hacían gala las mojigatas de la Sección Femenina, que al progresismo que se vincula ideológicamente a la izquierda.

La política, simplificando en exceso, no es más que una lucha por el poder. En esa disputa litigan, simplificando mucho otra vez, dos fuerzas contrapuestas, una a cada lado. La derecha se posiciona de la parte del status quo, del conservadurismo que aboga por mantener los privilegios de unos pocos a costa del malestar de unos muchos, a los que además culpa de su mísera situación como si fuese algo electivo. La izquierda, por contra, busca progresar en un reparto más equitativo del poder, anulando los privilegios o, al menos, igualando la posibilidad de acceder a ellos.

¿Qué ha hecho este Gobierno de izquierdas para anular los privilegios y/o para ayudar a los desfavorecidos? Que sí, que los ERTEs están muy bien, pero no dejan de ser un paraguas caritativo que ha salvaguardado algunos empleos a corto plazo, ya veremos qué pasa cuando se dejen de percibir. ¿Y del resto de medidas de este año de Gobierno progresista? Que sí, que está muy bien la Renta Mínima Vital, pero si después de seis meses sigue sin ser cobrada, es puro papel mojado. Que de buenas intenciones está el mundo lleno.

Porque el Gobierno es muy progresista, pero de la Corona o de la Iglesia ni hablar. Tampoco se dice nada de los 3,5 millones de viviendas vacías que hay en España y que los bancos, a pesar de haberse beneficiado de 65.000 millones de euros de dinero público, no hagan el favor de acogerse a la ley de oferta y la demanda y bajar un poquito el precio de las casas. De lo que sí podemos hablar es de okupación, que es el auténtico problema en este país, no como los alquileres desorbitados, que no conllevan ningún problema social.

Pero la desavenencia entre los datos macro y las situaciones micro son, para muchos, puro populismo, así que dejémosla a un lado y hablemos de cosas más cercanas, más visibles, más comparables. Hablemos, por ejemplo, de privilegios, de clases sociales, de represión y de progresismo. Hablemos de Madrid y de dos de sus barrios más característicos: el barrio de Salamanca, epicentro de pijos por antonomasia, y Vallecas, distrito obrero paradigmático de la capital. Ambos han sufrido el descontento de sus vecinos contra las limitaciones impuestas por el Gobierno central y el autonómico, respectivamente, pero el resultado en sendas protestas ha sido muy diferente.

Tanto las concentraciones de Núñez de Balboa como las de Vallecas se han llevado a cabo sin estar autorizadas y en momentos en que tales aglomeraciones eran actos punibles. ¿La gran diferencia? Las cargas policiales sólo se efectuaron en el barrio obrero. ¿Y qué ocurre cuando el encargado de defender la libertad de expresión de los ricos y de reprimir la libertad de expresión de los pobres es “el Gobierno más progresista de la Historia”? Que a lo mejor no estamos ante un Gobierno tan de izquierdas como ellos mismos quieren hacer creer.

La Policía Nacional es un organismo dependiente del Ministerio del Interior, y quien se encarga de dar las órdenes de cargar o no cargar contra unos manifestantes es la delegación del Gobierno de la comunidad autónoma (máxima representación del Gobierno central en ese territorio). Es decir, que la permisividad en Núñez de Balboa y las cargas policiales de Vallecas fueron decisiones tomadas por un miembro del “Gobierno más progresista de la Historia”. Extraña forma tiene la izquierda de hoy en día de defender la equidad y la justicia y de luchar contra los privilegios de las clases dominantes en pro de los desamparados.

Que conste que no defiendo ni unas concentraciones ni otras, condeno las dos; pero vitupero enérgicamente que haya diferente rasero ante infracciones similares. Y mucho más si a quien se reprime duramente es a quien se ha prometido defender, y a quien se ampara es a quien se ha prometido equidistar. También creo que hay que ser bastante mentecato para no contener al que te saca los colores y linchar a quien protesta contra tu oposición. Y hay que ser muy cínico para no abrir la boca ante las injusticias acometidas contra el que fue tu barrio hasta hace apenas dos años. El tiempo pondrá todo, y a todos, en su lugar.

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