¿Y si el sufragio universal fuera un retroceso político?

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9 noviembre, 2016 por AlbaChaparro

Suena antidemocrático, pero ¿y si el sufragio universal fuera un retroceso político? ¿Y si debiéramos empezar a replantear que la democracia, tal y como es entendida hoy en día, estuviera más que extinta y debiéramos idear nuevos sistemas políticos? Porque la democracia se basa en máximas como la libertad de expresión, pero censura toda libertad de expresión que considera “antidemocrática”. Paradójico.

Donald Trump ha ganado las elecciones en EE.UU. ante la mirada atónita del resto del mundo y de gran parte de su propio país. Tampoco hay que echarse las manos a la cabeza, es un resultado fruto de la democracia. Rajoy es fruto de la democracia en España. Le Pen en Francia. El Brexit en Reino Unido. El NO al proceso de paz en Colombia. Y un largo etcétera que termina en Hitler imponiéndose hace 80 años gracias a las urnas. ¿Y si el ser humano fuera tan imbécil de no saber elegir lo que es bueno para sí mismo? Qué feo suena decir imbécil, y qué feo suena hablar contra el sufragio universal, pero seamos honestos: ¿toda la gente que vota lo hace con responsabilidad y conocimiento?

No es cuestión de ponerse clasista, es cuestión de ponerse pragmático y hacer un poco de memoria. El sufragio universal fue extendiéndose en las democracias occidentales (cuando el sufragio era censitario también se llamaban democracias, por cierto) no por convicción, sino por miedo. Las élites tenían miedo de que las revoluciones obreras se propagasen y decidieron hacer creer al pueblo que tenía algo que decir respecto a su propio destino, aunque décadas después es más que visible que ni cuando el pueblo decide está decidiendo en realidad. Es una lástima que sólo lo creamos cuando viene Pedro Sánchez a recordar las presiones que ejercen las multinacionales y los medios de comunicación [que pertenecen a esas multinacionales] en las decisiones políticas. De hecho, aquí no deciden ni los que se supone que deciden, así que algo estaremos haciendo mal.

Las masas acuden a las urnas en la fiesta de la democracia para poder avenirse durante los cuatro años siguientes sin cargo de conciencia, y disfruten lo votado. Disfruten de un discurso xenófobo en EE.UU., país creado por inmigrantes. Disfruten de un discurso aislacionista en Reino Unido, el país más imperialista del mundo. Disfruten de un gobierno corrupto en España, uno de los países con más desempleo de Europa. Disfruten del No a la paz en Colombia, uno de los países más violentos del mundo. Disfruten del ascenso de Le Pen en Francia, el adalid de la “libertad, igualdad y fraternidad”. Y, de nuevo, un largo etcétera. Pero cuidado con ser antidemocrático y ver fallas en un sistema que hace aguas por sí mismo, porque pensar contra corriente resulta subversivo y peligroso, y dentro de la libertad de expresión democrática no hay hueco a la crítica hacia la democracia.

Resulta irónico destacar que hace un siglo, cuando las democracias eran sistemas endebles cuya instauración no estaba en absoluto extendida, sí había hueco a la crítica. Entiéndase crítica como forma de pensamiento que busca optimizar los recursos en lugar de conformarse con lo que nos es dado. Entiéndase como filosofía. Recordemos que en aquel tiempo de crítica y pensamiento político Ortega y Gasset, filósofo español, escribió “La rebelión de las masas“, cuyo núcleo se basaba en la tesis de que el pueblo no está preparado para elegir sobre sus designios debido a su propia necedad. Resulta irónico que casi cien años después se estigmatice cualquier crítica al sistema democrático mientras es vox populi que la necedad del pueblo le conduce a decisiones erróneas. Y resulta ilustrativo que, por ejemplo, casi cien años después, los que deciden pero que realmente no son quienes deciden hayan eliminado la filosofía [conjunto de saberes que busca establecer el sentido del obrar humano] de las aulas. Se cercena la capacidad de pensar, todo forma parte de la misma rueda. El sufragio universal cristaliza la necedad humana en aras del establishment político, social y económico, y somos tan necios que tildamos de extremista y antidemocrática cualquier opinión crítica con ese establishment. Así que ya saben, disfruten lo votado.

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