Je ne suis pas Paris, je suis le monde

Hay ocasiones en las que, al reivindicar cuestiones que no son las de estricta actualidad, parece que estamos restando importancia a los hechos más recientes. Nada más lejos de la realidad. Todas mis condolencias con las víctimas de París, todo mi rechazo a estos ataques producto de la sinrazón, todo mi desprecio hacia los asesinos de inocentes. Pero es justamente eso, el desprecio hacia los asesinos de inocentes, lo que me impulsa a alejarme del etnocentrismo para reivindicar otras muertes.

Etnocentrismo es, según la RAE, “tendencia emocional que hace de la cultura propia el criterio exclusivo para interpretar los comportamientos de otros grupos, razas o sociedades”. Etnocentrismo es lo que nos hace solidarizarnos con las víctimas parisinas más que con las sirias o las iraquíes, es lo que nos hace obviar la situación de las fronteras europeas en aras de nuestro propio “orden interno”, es lo que nos hace eludir la responsabilidad de Occidente en el auge del ISIS.

Etnocentrismo es una forma de ver el mundo, “nuestra forma de ver el mundo”, la que presuponemos correcta porque es en la que vivimos, la que consideramos moralmente superior y universalmente extensible, la que imponemos allende los continentes en nombre de una libertad que coartamos y reprimimos si no se ajusta a nuestros cánones etnocéntricos.

Etnocentrismo es diferenciar entre víctimas de primera y segunda categoría. Es hablar de inocentes cuando las muertes se producen en París y no en Siria, es mirar para otro lado y cerrar las fronteras cuando miles de personas están huyendo del mismo terror que hoy asola la capital francesa. Etnocentrismo es ponerse una foto de perfil porque París es Madrid, Londres o Nueva York, porque las lágrimas que hoy se vierten en Occidente podrían ser por nuestro nombre.

Etnocentrismo es hablar de libertad de prensa para atacar al foráneo, es poder hacer chistes sobre Alá pero no sobre el Rey o la Patria. Etnocentrismo es decir #JeSuisCharlie olvidando que en lo que va de año son más de 50 los periodistas asesinados en todo el mundo.

Etnocentrismo es disertar sobre el ISIS como un fundamentalismo ajeno a Occidente, como si su propagación no hubiera sido uno de los daños colaterales de la guerra de Iraq (guerra en la que, por cierto, se ha llegado a cifrar en un millón el número de bajas civiles), como si no hubiera una responsabilidad latente en la inoperancia de la ONU para construir ese mundo de paz que presupone. Etnocentrismo es creer que las muertes inocentes siguen siendo cuestión de fronteras.

Por eso hoy, precisamente hoy, no soy París, sino que soy cualquier víctima de la injusticia, de la locura y del fundamentalismo, sea islámico o no. No me duele más Pierre que Aylan, tampoco menos. Simplemente me duele el Mundo.

  

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