Obviedades del discurso del Rey

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25 diciembre, 2014 por AlbaChaparro

El primer discurso del Rey ha transmitido, de nuevo, evidencias de indudable obviedad. Esta frase, en sí misma, parece decir algo que carece de contenido, por lo que la he considerado adecuada para definir el mensaje de Felipe VI. Según El País, el discurso fue grabado poco después de que se hiciera pública la imputación de la infanta Cristina, aunque este hecho no alteró el contenido del texto, lo cual dice mucho del mensaje que iban a recibir los españoles -una suerte de palabrería preestablecida que puede ser difundida ante cualquier coyuntura-.

Aquí os dejo los puntos clave que constituyen la esencia del discurso del Rey que, a pesar de ser bien ciertos, podrían ser abordados con mayor seriedad y vigor en más ocasiones que las diatribas navideñas:

– “[…] las conducas que se alejan del comportamiento que cabe esperar de un servidor público provocan, con toda razón, indignación y desencanto”.

– “Debemos […] afrontar con firmeza y eficacia las causas de esos problemas, resolverlos y recuperar el sosiego y la serenidad que requiere y merece una sociedad democrática como la nuestra“.

– “[…] necesitamos una profunda regeneración de nuestra vida colectiva. Y, en esa tarea, la lucha contra la corrupción es un objetivo irrenunciable“.

– “Los responsables de esas conductas irregulares están respondiendo de ellas; eso es una prueba del funcionamiento de nuestro Estado de Derecho“. A modo de dato, hay unos 2.000 imputados por corrupción en alrededor de 150 causas abiertas.

– “Pero es necesario -también y sobre todo- evitar que esas conductas echen raíces en nuestra sociedad y se puedan reproducir en el futuro“. Este planteamiento es muy certero pero está mal enfocado: lo que hay que hacer es cortar esas raíces, ya que los escándalos de corrupción que acosaron al PSOE y otras instituciones públicas en los años ´90 demuestran que las malas prácticas políticas están asentadas congénitamente en el sistema. Aunque Felipe VI sí apeló posteriormente a “cortar de raíz” este problema, que en un primer enfoque lo plantee como algo incipiente resulta significativo.

– [Refiriéndose a la situación económica] “Debemos proteger especialmente a las personas más desfavorecidas y vulnerables. Y para ello debemos seguir garantizando nuestro Estado de Bienestar, que ha sido durante estos años de crisis el soporte de nuestra cohesión social, junto a las familias y a las asociaciones y movimientos solidarios”.

– [Refiriéndose a Cataluña] “Respetemos la Constitución, que es la garantía de una convivencia democrática, ordenada, en paz y libertad. Y sigamos construyendo todos juntos un proyecto que respete nuestra pluralidad y genere ilusión y confianza en el futuro”. “Me duele y me preocupa que se puedan producir fracturas emocionales, desafectos o rechazos entre familias, amigos o ciudadanos”.

– “España se dio a sí misma y al mundo un ejemplo de seriedad y dignidad en el desarrollo del proceso de abdicación de mi padre el Rey Juan Carlos y de mi proclamación como Rey; todo ello de acuerdo con nuestra Constitución”.

– “Somos una democracia consolidada. Disfrutamos de una estabilidad política como nunca antes en nuestra historia. Nuestro marco constitucional nos ha permitido la alternancia política basada en unas elecciones libres y democráticas”.

– “Debemos seguir avanzando en nuestra convivencia política, […] poner al día y actualizar el funcionamiento de nuestra sociedad democrática y conseguir que los ciudadanos recuperen su confianza en las instituciones”.

– “Regenerar nuestra vida política, recuperar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones, garantizar nuestro Estado de Bienestar y preservar nuestra unidad desde la pluralidad son nuestros grandes retos“. Este mensaje contiene la originalidad del de 1984, o 1994, o 2004…

Las obviedades marcaron el discurso del Rey, que resultó insustancial y demasiado generalista al considerar imprescindible la lucha contra la corrupción sin referirse a la infanta Cristina, al reclamar la defensa del Estado de Bienestar sin aludir los recortes sociales, al reivindicar la pluralidad nacional partiendo del (anacrónico) marco constitucional, al solicitar la regeneración de la vida política sin mencionar una reforma de la Constitución, al hablar de estabilidad y democracia consolidada sin referirse a la convulsión política desatada por Podemos y, en definitiva, al disertar sobre los males endémicos de España sin concretar el momento histórico que estamos viviendo actualmente.

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