Grecia, populismo y democracia

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26 enero, 2015 por AlbaChaparro

La cultura del miedo es la única que se está empleando para desacreditar a Syriza, ahora que han ganado las elecciones y pende de un hilo el futuro de Grecia. Se proclama el miedo desde los partidos de la oposición, desde la troika, desde los gobiernos conservadores neoliberales, desde las grandes corporaciones… en definitiva, desde cualquier organismo que apoya el sistema capitalista y el juego de poder establecido. Esa cultura que intentan imponer es una cristalización del miedo que sienten los adeptos al actual régimen político y económico.

Se está difundiendo la idea de inestabilidad e incertidumbre para desacreditar la decisión que han tomado los griegos en las urnas. Se vende el ideal de democracia a la vez que se desprestigia la democracia misma. ¿Quiénes, si no los griegos, son los que deben decidir por el futuro de Grecia? ¿Por qué tantos esfuerzos por doblegar la voluntad del pueblo heleno? Lo que vaya a pasar ya se verá, y hacer conjeturas desde el descrédito y la descalificación es tarea vacua y poco constructiva. Además de una falta de respeto.

Quieren hacernos creer que la estabilidad griega -y, por ende, europea- viene de la mano de los viejos partidos y los pactos constituidos con los organismos internacionales. ¿Quién se beneficia de esa supuesta estabilidad? ¿El BCE, el FMI, la Unión Europea, el Bundesbank? Porque los griegos, de estabilidad, han visto poco en los últimos años. Un país cuyos ciudadanos son más pobres ahora que después de haber sido “rescatados” tiene poco de estable. Las “reformas estructurales”, que se supone buscan equilibrar las cuentas griegas, se han traducido en resultados mediocres a nivel macroeconómico y miseria a nivel microeconómico. Solo han salido ganando la troika, los bancos y quienes ostentan el poder desde hace décadas, porque los habitantes de Grecia llevan aguantando recortes desde que empezó la crisis y no han visto aún indicios de mejora. Es normal que el país heleno estén harto de abusos, es normal que los ciudadanos quieran un cambio radical, aunque sea a costa de “populismo”.

Populismo es un término usado hasta la saciedad. Me hace gracia, ya que la RAE no tiene registrada esta palabra. La que sí contiene el diccionario es “populista”, y no tiene más significado que “perteneciente o relativo al pueblo” (casualmente, esta definición es idéntica a la primera acepción de “popular”). Wikipedia sí recoge el término “populismo”, al que califica como ambiguo y del que explica su utilización como concepto peyorativo con gran carga ideológica. Sin embargo, Wikipedia admite que el populismo designa una corriente que reivindica el rol del Estado como garante del confort del pueblo, con el fin de alcanzar justicia social y pleno Estado del bienestar. Así pues, atendiendo a la semántica de “populismo”, no es muy lógico que se infunda tanto pavor.

No entiendo por qué tanto miedo al populismo, no entiendo por qué tanto miedo a que los griegos decidan por el futuro de Grecia. Es su país, ¿quiénes somos el resto para criticarles por ello? La democracia es eso, ¿no? Estamos hartos de ver programas políticos incumplidos y promesas rotas. ¿Acaso no es eso “populismo”? ¿Acaso no es populista decir una cosa y hacer la contraria argumentando “la situación coyuntural”? ¿Por qué se aceptan esas actitudes por parte de los gobiernos pero no por parte de los ciudadanos?

Igual que el Partido Popular quebrantó su programa electoral debido a la “urgencia de solventar la crisis económica”, los griegos han decidido replantearse sus compromisos con Europa para intentar solventar su propia crisis. Si una cosa es lícita, la otra también, y no somos nadie para criticar que los habitantes de un país decidan democráticamente sobre su futuro. Grecia lleva muchos años esperando de Europa una ayuda que se ha traducido en miseria, precariedad y desequilibrio. Ante la decadencia griega solo se ha respondido con inoperancia absoluta, ineptitud política e insuficiencia económica, por lo que es normal que unos ciudadanos empobrecidos hayan dicho que basta ya. El pueblo ha hablado, y quiere cambio. Si ese cambio no es el esperado, o no es el prometido, habrá ocasión de valorarlo cuando haya pasado un tiempo. Pero, de momento, que el futuro de Grecia lo decidan los griegos no es reprochable, aunque sea a costa de incumplir unas promesas que nadie les consultó y que han hipotecado su porvenir.

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