El ficticio Estado del Bienestar

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3 diciembre, 2012 por AlbaChaparro

Podría decirse que la crisis en la que estamos sumidos es comparable a la Gran Depresión que desató el crash del ´29 en EE.UU. y que culminó con la destrucción desatada por la II Guerra Mundial en Europa. Para resolver la hecatombe económica que había enfrascado a las sociedades occidentales surgió el concepto de Estado del Bienestar, una suerte de garantías sociales que los Gobiernos otorgaban gracias a los impuestos ciudadanos, cuyo máximo exponente fue el Plan Marshall estadounidense (desarrollado para reconstruir Europa después de la guerra y, de paso, intentar frenar el avance comunista).

El Plan Marshall fue, a grandes rasgos, un conjunto de inversiones y de intervención estatal en los mercados, ya que a partir de la Gran Depresión había quedado demostrado que el libre mercado no aseguraba el bienestar económico. Sin embargo, el proteccionismo gubernamental, que sustentaba las garantías sociales gracias a los impuestos, vio su fin en los años ´80 con las políticas de Ronald Reagan en EE.UU. y de Margaret Thatcher en Inglaterra, apoyando la bajada de impuestos en el incremento de deuda pública y la reducción de servicios sociales públicos (es decir, una oleada de privatizaciones).

En España, que siempre hemos ido en un marco temporal retrasado respecto al resto del mundo occidental, estamos asistiendo al desmantelamiento del Estado del Bienestar que sufrieron otros países a partir de los años ´80, con la excusa de mantener el Estado del Bienestar y con la constancia de que estas políticas son ineficaces, puesto que la bajada de impuestos amparada en las privatizaciones y en el aumento de deuda pública han devenido en la actual crisis mundial: la crisis de deuda.

Ya lo advertía en abril Juan José Millás en un magnífico artículo titulado “Un sindiós“, en el que establecía que se ponía precio a la sanidad para que siguiera siendo gratuita, se eliminaban las leyes laborales para defender los derechos de los trabajadores, se aumentaban las tasas universitarias para garantizar la igualdad de oportunidades, o se obedecía ciegamente a Merkel para mantener la soberanía nacional. Y en esas seguimos casi un año después, con el agravante de que cada vez somos más los que no nos lo creemos, al tiempo que aumentan las voces que abogan por una limitación del derecho a huelga o mayor regulación de las manifestaciones.

Con la excusa de mantener el Estado del Bienestar, estamos asistiendo a la destrucción total del Estado del Bienestar. Se han aumentado el IVA y el IRPF pero nadie habla de un impuesto a las grandes fortunas o a las transacciones financieras -al tiempo que las grandes fortunas piden aumentar aun más los impuestos del resto-; crece el presupuesto militar pero no hay dinero para laMemoria Histórica, la Ley de Dependencia o un acceso a la justicia de los más desfavorecidos; se reduce el presupuesto en la escuela pública pero se aumentan las subvenciones públicas en los colegios privados; nos dicen que el rescate a la banca no se producirá del dinero público pero a pesar de los recortes aumenta la deuda pública; se promueve la privatización de la sanidad aun cuando España tiene uno de los mejores modelos sanitarios del mundo -y no está demostrado que la gestión privada de hospitales promueva una mayor eficiencia del sector-; se eliminan las ayudas para alumnos con dificultades pero se mantienen las subvenciones a la tauromaquia, que en algunas regiones equivalen a las ayudas para fomentar el empleo (¡un un país con una tasa de paro que ronda el 25%!); y un largo etcétera que tambalea el supuesto Estado del Bienestar en el que vivimos.

Así pues, la conclusión que deriva de los cambios estructurales a los que estamos asistiendo es clara: nos dirigimos en dirección opuesta a la salida de la anterior gran crisis económica (aun cuando las grandes inversiones e intervención estatal de los años ´40 supusieron las mayores cotas de bienestar social en Occidente). Para más inri, y como dato ilustrativo de la incertidumbre a la que nos estamos encaminando, cabe destacar una sutil diferencia: tras el crash del ´29 se suicidaban los banqueros, ahora se suicidan los ciudadanos de a pie.

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