Lo que también debería preocuparte del Coronavirus

A las noticias sobre la evolución del Covid-19 se están sumando otras de índole económica: la sucesión continuada de ERTEs a causa del coronavirus. Son muchas las empresas que ya han anunciado el suyo: Air Europa, Burger King, Ford, Michelín, Renault y Seat son algunos ejemplos. Presumiblemente, durante los próximos días seguirán sucediéndose Expedientes de Regulación Temporales de Empleo en pequeñas, medianas y grandes empresas, especialmente en los sectores de la industria, el transporte, la hostelería y el comercio.

Para hacerse una idea de la magnitud de este problema, basta destacar el peso que tienen los tres sectores más castigados de esta incipiente crisis: el comercio genera 3,2 millones de empleos, la industria 2 millones y la hostelería 1,5 millones. Si el colapso del sistema sanitario es inminente, el colapso del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) puede ser brutal.

Los ERTEs pueden efectuarse de varias maneras, aunque las más previsibles en la situación que nos ocupa consisten en la reducción de jornada o en la suspensión del contrato (de forma temporal). La última forma parece la más adecuada en la coyuntura actual, ya que tanto industria como hostelería y comercio se han visto forzadas a paralizar su actividad. Esto se traduce en miles y miles de trabajadores abocados a solicitar la prestación por desempleo prácticamente al mismo tiempo.

El esfuerzo del Estado para hacer frente a este incremento de las prestaciones, más el gasto sanitario que va a suponer la crisis del Covid-19, más las ayudas que se destinen a paliar los efectos dentro de las empresas, pondrán al Ejecutivo español en jaque a la hora de hacer frente a todos estos gastos. La deuda y el déficit van a dispararse irremediablemente, y los peores augurios que vaticinan un crash como el de 2008 es probable que se acaben consumando. Al principio estaremos aún con la resaca del coronavirus, pero poco a poco iremos olvidando la pandemia y sólo nos quedará el sabor de la economía cercenada. Llegados a ese punto el neoliberalismo atacará con fiereza, así que debemos empezar a prepararnos.

  • La derecha culpará de la debacle económica a Pedro Sánchez, que aun comprensible debido a la nefasta gestión que está llevando a cabo, será falaz sobremanera. La debacle se habría producido con cualquier otro partido a la cabeza del Gobierno.
  • La patronal exigirá una reforma laboral más agresiva que facilite su capacidad de reacción antes crisis como la del coronavirus.
  • La Troika hostigará a España para que tome medidas frente a la deuda y el déficit, que se habrán desbocado.
  • Los desahucios volverán a multiplicarse, y echaremos en falta los días de cuarentena porque la obligación estar confinados en casa significaba que teníamos una casa donde confinarnos.
  • Se exigirá a la clase trabajadora que asuma los mayores esfuerzos para la que la situación macroeconómica recupere la normalidad lo antes posible. Ojo al matiz de la situación MACROeconómica.
  • El neoliberalismo y su aparato mediático comenzarán una campaña de desprestigio en la que nos terminará acusando de ser merecedores de la situación en que nos encontramos, porque habremos descuidado el ahorro en los momentos de vacas gordas (en los que debemos hacer frente a alquileres de 700€ con salarios de 1100€). Y muchos de nosotros se creerán tal argumento.

Y comenzarán los recortes y los ajustes ante la pasividad de gran parte de la población, y asumiremos nuestra culpa por no haber sabido ahorrar, y no nos preguntaremos por qué el Estado tampoco ahorra (o por qué tiene la necesidad de gastarse los ahorros en periodos de “crecimiento económico”, o de regalar el dinero a las entidades financieras), ni nos preguntaremos por qué las empresas tampoco ahorran para tener liquidez durante las recesiones (cuando está más que demostrado que el sistema capitalista es cíclico y que las recesiones se repiten con el tiempo), pero seguiremos responsabilizándonos por haber vivido por encima de nuestras posibilidades y acatando las peticiones del mercado.

Es aquí donde, humildemente, me gustaría que nos parásemos a reflexionar. La vorágine económica y el encarnizamiento político se van a suceder en los próximos meses, y cuando la crisis del coronavirus haya sido superada, volverán los oportunistas privatizadores a relatar sobre la ineficiencia del Sistema Público de Salud. Recordad ahí marzo de 2020, recordad el orgullo que estáis sintiendo estos días por los profesionales sanitarios, las palabras de apoyo y los aplausos en los balcones. Recordad a la sanidad privada cobrando 800 euros por realizar las pruebas del Covid-19 y derivando a los infectados a los hospitales públicos. Recordad también que la gente de derechas seguirá votando a la derecha, y que la clave no está en tratar de cambiar su voto, sino en que la sanidad pública se convierta en imperativo general con independencia del color político, porque de las tres máximas “salud, dinero y amor”, sin salud da igual el resto. Defended la sanidad pública de las garras del neoliberalismo. Demostrado queda cuán necesaria es.

 

 

 

 

 

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